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Se realizará, en una sala del Congreso de la Nación, un
homenaje al, quizá, más eminente pedagogo nacido en América
Latina: Paulo Freire. El hombre que proclamó "el derecho
y el deber de cambiar el mundo, premunidos de utopías deseables
y posibles, para instituir un proyecto social fundado en
la verdad y en la ética de las convicciones que deben inspirarlo".
Sintetizo algunas palabras del manifiesto firmado en adhesión
al querido maestro: "La propuesta de vida señalada por Freire
remarca la esperanza de una conciencia ética, crítica y
proactiva que induzca a la reflexión y a la práctica de
un compromiso que trascienda la acción de la escuela y se
extienda a la transformación de la sociedad en su conjunto.La
educación popular, cuyo ideario encuentra bases firmes en
el pensamiento Freire, es ahora parte natural de los movimientos
por el cambio social en Latinoamérica".
Él toma en cuenta que nuestro subcontinente "vive una extendida
crisis social y que su condición de pobreza y exclusión
afecta a gran parte de su población, a la que no llegan
los beneficios del crecimiento económico que asoma en algunos
países, y que la doctrina neoliberal ha sido incapaz de
generar el bienestar social y de proporcionar soluciones
con paz y justicia porque, en nombre de las fuerzas del
mercado, ha deteriorado profundamente el tejido social y
cultural de nuestra sociedad, acarreando un empeoramiento
de las condiciones de vida de las mayorías, la reducción
del empleo y de las oportunidades de acceso a servicios
de salud y educación de calidad. Que, además, las políticas
de represión a las justas demandas ciudadanas conllevan
discriminación social y cultural creciente e incremento
de las deudas interna y externa de los países latinoamericanos;
y que, en medio de la crisis económica, la corrupción es
un mal que viene erosionando la credibilidad de las instituciones
y la confianza pública en sus respectivos órganos de gobierno.
Se requiere, por lo tanto, fortalecer el espíritu de solidaridad
y las condiciones de equidad social y de respeto a los derechos
humanos fundamentales".
Subraya entonces: "Es un imperativo ético y social llevar
la educación mucho más allá del ámbito escolar formal y
proyectarla hacia la sociedad, mediante todos los espacios
físicos y mediáticos, comprometiendo la participación de
otras instituciones sociales públicas y privadas, incluyendo
a los medios de comunicación social, para que configuren
una estructura comunicativa horizontal, favorable al diálogo,
la transparencia y la crítica responsable, y es imprescindible
contribuir al tránsito de una democracia representativa
formal a una democracia participativa y militante; de una
democracia virtual a una democracia real, mediante el empoderamiento
de la sociedad civil cuyo respaldo construirá la estabilidad
política".
El pensamiento de Paulo Freire sigue vivo e inspira las
propuestas educativas más dinámicas que deben recrearse
desde la propia realidad y la propia práctica social
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